La ‘epidemia’ silenciosa que lastra a España: el récord de bajas por enfermedad resta siete décimas anuales al PIB desde 2021

El récord de bajas por enfermedad se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza de las empresas españolas. En los últimos meses, diversos informes y análisis se han centrado en cuantificar esta factura para los empleadores y las arcas públicas, pero siguen sin resolver la gran duda de los analistas: cuál es el impacto para la productividad y el crecimiento del conjunto de la economía española de este incremento inédito. Un nuevo modelo de análisis arroja un cálculo contundente: desde la pandemia las ausencias por incapacidad temporal han crecido un 43% más de lo que deberían y este ‘gap’ se traduce en una pérdida media anual de siete décimas de PIB entre 2021 y 2025.
El impacto no es menor si tenemos en cuenta que, pese a la solidez del crecimiento en comparación con otros países, la economía española se está desacelerando: creció un 2,8% a cierre de 2025, exactamente siete décimas menos que en 2024. Equivalen a casi 12.000 millones de euros, aunque en términos acumulados desde 2021 la factura rondaría los 60.000 millones de euros.
El profesor Diego Dueñas Fernández, de la Facultad de Ciencias Económicas, Empresariales y Turismo de la Universidad de Alcalá, ha desarrollado un estudio cuyo enfoque se aleja de la mayoría de los presentados: el problema no es tanto el coste total de las bajas por enfermedad, accidente o incapacidad temporal, sino la distorsión en su evolución que se ha producido desde 2019. Y es que, si estas bajas hubieran seguido el mismo ritmo de seguimiento que previsto a partir de los años anteriores, la cifra de trabajadores que cada semana faltan al trabajo por enfermedad alcanzarían las 724.981 a cierre de 2025. Un dato coherente con la evolución del número de ocupados en este periodo. Pero en la realidad es que desde 2021 han crecido hasta los 1,04 millones, su récord histórico, como hemos contado en elEconomista.es, un 43% más de lo que hubiera sido previsible.
Este efecto no se explica por la pandemia. En el cuarto trimestre de 2020, las bajas ya subieron un 31,5% más de lo que deberían y en el mismo periodo de 2021 un 36%, pero desde que se superó la crisis sanitaria la diferencia no solo no se ha reducido, sino que se ha incrementado hasta un porcentaje mucho mayor. Dueñas Fernández señala que este valor «se debe tomar con cierta cautela ya que está obtenido a partir de una tendencia contrafactual que puede tener cierto término de error». Pero insiste en que el gap es de «un tamaño considerable ya que constituye alrededor de un 30% de los ocupados ausentes por incapacidad temporal».
El estudio elaborado por Dueñas Fernández llama la atención sobre el crecimiento en el número de ocupados que declaran haber trabajado cero horas en la semana de referencia. Una ausencia que puede ser explicada por: vacaciones o días de permiso, el nacimiento de un hijo, el paro parcial, un ERE, una huelga… pero que se concentra en las bajas debidas a enfermedad, accidente o incapacidad temporal. En este sentido, la proporción de ocupados que no trabajó por estar de baja por este motivo ya supone un 4,64% según la EPA. La diferencia entre lo que no se está produciendo por la brecha entre las horas no trabajadas por bajas laborales por IT y la tendencia esperada para estas supone, en definitiva, un ‘gap’ en la productividad por hora trabajada y, por tanto, en el PIB.

El resultado del estudio señala que entre 2021 y 2025 se ha perdido de media un 0,69% del PIB cada año. Tomando como referencia el PIB de 2025, esta proporción supondría cerca de 11.790 millones de euros cada año. Es decir, en cinco años se habrían perdido 58.950 millones de euros debido al aumento en los procesos de incapacidad temporal.
Aunque no cifraba la pérdida en productividad, el informe publicado por la Airef hace unas semanas respecto a la incapacidad temporal también apuntaba a un impacto sobre esta. En concreto, el documento detalla que el coste directo de estos episodios recae principalmente en las empresas, pero la frecuencia y la prolongación de los procesos tienen efectos negativos agregados sobre la organización del trabajo, la productividad y, en última instancia, sobre el gasto público vinculado a la IT.
En este sentido, el informe de la patronal catalana Pimec,Evolución de las bajas por incapacidad temporal en España 2013-2025, señala que mientras las horas de IT son la variable que más ha aumentado en once años, hasta 2024, un 112,9%, «el PIB ha crecido, pero con mucha menos intensidad, en un 25,1%, y la productividad por ocupado se ha estancado, con una disminución del 1,8%».
El efecto ‘atrapamiento’
El análisis de Diego Dueñas Fernández confirma que no solo han aumentado los ocupados que han trabajado ‘cero horas’, sino los periodos que permanecen en baja. En este sentido, un análisis de los fijos de población activa (variaciones en la situación profesional entre un trimestre y el siguiente) revela que ha aumentado la probabilidad de que un ocupado se mantenga de baja por EAIT entre dos periodos consecutivos. Es lo que el experto denomina «efecto atrapamiento». También se observa un «cierto patrón de reducción» en la serie correspondiente a la vuelta al trabajo.

Este incremento se produce desde 2022, un ejercicio en el que coinciden tres fenómenos: el fin de la pandemia (el último pico, ligado a la ‘variante ómicron’, se produjo en las primeras semanas de aquel año), la aprobación de la reforma laboral y un repunte de la creación de empleo, ahora con un peso mucho mayor de contratos indefinidos. Los sectores más afectados en número de ausencias por IT son industria, comercio, hostelería y transporte (321.637 ocupados ausentes); Administraciones Públicas, Educación y Sanidad (270.303 ocupados), y la industria con otros 143.600.
Pero Dueñas Fernández señala que hay otros sectores que, aunque tienen un menor número de ocupados, tienen una alta incidencia. Entre ellos destacan la Agricultura y los Profesionales, Científicos y Técnicos, lo que implica que el fenómeno está muy extendido y no se limita únicamente a los trabajos de mayor penosidad.
Fuente Original: El Economista